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Irun, Gipuzkoa
Dietética y Nutrición. Educación alimentaria.

Qué ofrezco



Mucho más que un plan para el verano.


¿Cuál es tu principal objetivo?...
¿Bajar unos kilos, de la forma más rápida, para lucir bien en bikini o bañador este verano?... ¿O cuidarte por dentro y por fuera, y una vez cumplido tu objetivo (ya sea tu peso ideal, ya sea una nutrición equilibrada), saber mantenerlo sin esfuerzo a lo largo del tiempo?

Porque de lo que se trata es de aprender a comer sano. Se trata de que sepas llevar tu misma/o las riendas de tu cuerpo, sabiendo qué es lo que le sienta mal o bien a tu organismo.

Y, en el caso de que tengas que perder unos kilitos, sin tener que recurrir a productos, ni dietas milagro, que prometen grandes resultados en tiempo récord comprometiendo tu salud y tu dinero.

Y, desde luego, sin pasar hambre. Porque tan sólo has de seguir las pautas de la dieta mediterránea, cuyos innumerables beneficios han sido avalados por multitud de estudios. Descubriendo qué errores estás cometiendo en la mesa, y cómo se pueden corregir tan sólo con un poquito de voluntad por tu parte.

Se trata de empezar a sentirte mejor en todos los sentidos.


Soledad Blanco, Dietista en Irún, Gupuzkoa, Euskadi.


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Servicios y tarifas



- Dietas de adelgazamiento
-  Dietas de mantenimiento
- Valoración antropométrica
- Educación alimentaria


Primera visita:  se realizará la valoración antropométrica (talla, peso, medición de la presión arterial, medición de perímetros, porcentaje de grasa corporal mediante impedancia bioeléctrica...) y una encuesta dietética para averiguar cuáles son los hábitos alimentarios que debes corregir, y cuáles puedes mantener... Esta visita tendrá una duración aproximada de una hora.

25€ iva incluido

Segunda visita: te entregaré un informe con los resultados de la evaluación anterior, los objetivos a alcanzar (objetivos que fijaremos conjuntamente), diversas pautas, y el plan dietético para la primera semana.

25€ iva incluido

Siguientes visitas: llevaremos a cabo el seguimiento, tomando las mediciones oportunas para ver tu evolución. Dedicaremos tiempo a resolver las dudas que puedas tener y te entregaré la siguiente dieta, en función de tus necesidades y evolución.

 25 € iva incluidos

 Solo valoración  antropometrica:

15€ iva incluido




Soledad Blanco, Dietista IRUN, Gipuzkoa.







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Dietas erróneas y mitos



Mitos a olvidar

La obesidad es genética: en la mayoría de los casos la cusa de la obesidad es el estilo de vida (malos hábitos alimentarios, sedentarismo....) Es una cuestión matemática: se ingieren más calorías de las que se gastan.

Los hidratos de carbono engordan: Como he indicado antes, engordamos cuando ingerimos un exceso de calorías, ya provengan de los hidratos, de las grasas o de las proteínas... Por cierto, 1 gramo de hidratos proporciona, 4 Kcal, lo mismo que 1 gramo de proteína, mientras que 1 gramo de grasa proporciona 9 kcal. Además, los hidratos de carbono son un nutriente imprescindible en la dieta, puesto que son la principal fuente de energía del organismo, y el combustible esencial para diversos órganos, como el cerebro.

El agua en la comida engorda: El agua aporta cero calorías. Así que no engorda, la tomes cuando la tomes.
“Mi problema es que retengo líquidos”. La retención de líquidos es un problema circunstancial, propio de determinadas patologías (como ciertas enfermedades renales o hepáticas), o etapas de la vida, que nos puede hacer sentir hinchados. Pero el sobrepeso o la obesidad, no se deben a un exceso de líquido, sino de grasa.
La fruta engorda después de las comidas. Una determinada cantidad de fruta tendrá las mismas calorías independientemente del momento en que se tome.

El pan integral engorda menos. El pan integral tiene prácticamente las mismas calorías que el blanco. Si se recomienda en las dietas es porque es más rico en fibra, y ésta nos hace sentir más saciados, además de ofrecernos otros beneficios como el de prevenir el estreñimiento.
Las grasas vegetales son más saludables. Los aceites vegetales como el de oliva, girasol o maíz sí son cardiosaludables. Pero las denominadas grasas vegetales son a menudo aceites de coco y palma, que son incluso más saturados que las grasas vegetales, y por tanto más perjudiciales para el organismo.

Las patatas y el pan engordan.  Los dos son alimentos bajos en grasa: las patatas tienen 0,1 gramos de grasa por cien, y el pan, 0,8. y comparándolos con carne baja en grasa como la del pollo vemos que el contenido de grasa de ésta por cien es de 4,3 gramos... Además, la grasa del pan y las patatas es de origen vegetal, y por lo tanto más saludable. Otra cosa es que bañemos las patatas en mayonesa, o mojemos el pan en salsa, en cuyo caso sí que estaremos ingiriendo calorías de más.

Dietas a evitar.

a) Dieta de Montignac. Se basa en el índice glucémico de los alimentos. Considera a la insulina el centro del problema y estigmatiza a la glucosa, a la que considera un producto tóxico. Estas dietas están basadas en una reducción importante de los HC que se sustituyen por grasas. El peligro de estas dietas es que producen pérdidas de proteínas, son cetogénicas, lo que implica una acidosis metabólica, pueden hacer perder minerales a través de la orina (como el calcio), son muy ricas en colesterol, disminuyen la reserva de glucógeno, limitan el aporte de vitaminas hidrosolubles, son pobres en calcio y magnesio, aumentan el ácido úrico y el colesterol LDL, producen estreñimiento y pueden llegar a ocasionar trastornos cardíacos. Cuando estas dietas se mantienen durante un período de tiempo largo se produce una disminución de la masa muscular muy difícil de recuperar.

b) Dieta de la Clínica Mayo. Ha sido constantemente negada por la propia clínica de Rochester (los incrédulos pueden adquirir el "Manual de dietética de la Clínica Mayo"). Se trata de dietas desequilibradas con un alto contenido en colesterol.

c) Dieta adelgazante para mejorar la sexualidad. Es una dieta a base de marisco y vitamina E. Se trata de una dieta cara, rica en colesterol y desequilibrada, y ningún estudio ha confirmado sus "mágicos" efectos.

d) Dietas disociadas. Se basa en el fundamento de que los alimentos no contribuyen al aumento de peso por sí mismos, sino al consumirse según determinadas combinaciones. Por esta razón, no limita la ingestión de alimentos energéticos sino que pretenden impedir su aprovechamiento como fuente de energía con la disociación durante la digestión en el estómago.

Sostiene la teoría de que los hidratos de carbono no pueden ser consumidos junto con las proteínas, ya que las proteínas se digieren en medio ácido y los hidratos de carbono en medio alcalino. En principio, este tipo de consumo es casi imposible porque no existen alimentos que solamente contengan proteínas o hidratos de carbono.

En esta dieta, se prohíbe el consumo de leche, frutas, casi todas las verduras, pan, pasta, cereales, arroz, féculas, legumbres, azúcar, dulces, etc. Sólo se pueden tomar carnes, pescados, huevos, embutidos, algunos quesos, café, e incluso se permite la toma de grasas, aceites, vísceras, mariscos y en algunas ocasiones alcohol.

Esta dieta carece de fundamento científico y los resultados obtenidos sólo obedecen a un menor consumo de energía. Además, lleva fundamentalmente a una pérdida progresiva de la motivación para ingerir alimentos, ya que cada día al paciente sólo le está permitido la ingesta de un solo alimento, aunque en cantidades elevadas.

Por el contrario, en una dieta equilibrada los hidratos de carbono deben aportar entre el 50 y 60% de la energía total. Así, los cereales (pan, pasta, arroz, etc.), especialmente los integrales, las patatas y las legumbres deben constituir la base de su alimentación y representar un tercio de los alimentos ingeridos diariamente.

Dieta de Atkins

La dieta Atkins se basa en un consumo casi exclusivo (90%) de proteínas procedentes de carnes rojas, embutidos, quesos, huevos, mariscos, mantequillas, margarinas, aceites, mayonesas, mantecas, cremas de leche o yogur entero, etc. Se deja un mínimo espacio (10%) a hidratos de carbono extraídos de las verduras y frutas, y quedan prohibidos alimentos tales como las pastas, harinas, arroz, pan y bollería, legumbres, azúcar, bebidas alcohólicas y leche.

Atkins proscribió también las frutas y verduras ricas en fibra a quienes sigan su dieta, puesto que la fibra impide la absorción de la grasa en el intestino. Las verduras verdes, sostuvo el dietista, no deben exceder los 50 gramos por comida.

Este tipo de dieta pertenece al grupo de dietas milagrosas llamadas científicamente “dietas cetógenas”. En ellas se retira absolutamente el consumo de hidratos de carbono y se potencia el consumo de proteínas y grasas. El consumo de hidratos de carbono es la principal fuente de energía del organismo, es el primordial sustrato energético. Para Atkins la insulina es la hormona responsable del aumento de peso.

La ingestión de azúcar o de cualquier hidrato de carbono hace que se estimule esta hormona, por lo que, según esta errónea teoría, el azúcar es el alimento más peligroso. Sin embargo si se consume grasa se estimula la secreción de acetona, suprimiendo la sensación de hambre.

Cuando el organismo no dispone de este nutriente para obtener energía empieza a quemar las grasas por una ruta metabólica particular, produciendo los llamados cuerpos cetónicos, que se utilizarán como fuente energética a falta de hidratos de carbono. El resultado es el aumento en sangre de cuerpos cetónicos y sus productos de desecho, entre ellos la acetona.

Este tipo de dieta provoca la falta de apetito, halitosis o acetona en el aliento, estreñimiento, aumento del colesterol sanguíneo, aumento de los niveles de ácido úrico y, en algunas situaciones, riesgo cardiovascular por el excesivo de consumo de grasas o sobrecarga del riñón por el exagerado consumo de proteínas.

Por el contrario, en una dieta equilibrada los hidratos de carbono deben aportar entre el 50 y 60% de la energía total. Así, los cereales (pan, pasta, arroz, etc.), especialmente los integrales, las patatas y las legumbres deben constituir la base de su alimentación y representar un tercio de los alimentos ingeridos diariamente.

Dieta de la sopa

La base de esta dieta es una sopa que debe de comerse todos los días y en la cantidad que se desee, porque apenas tiene calorías. Esta sopa se prepara con seis cebollas, dos ramilletes de apio, dos pimientos verdes, medio kilogramo de tomates y un repollo o una col, con un cubito de caldo, sal y pimienta. Se trocea todo, se hierve en 10 litros de agua, se bate y se guarda para tomar fría o caliente, como se prefiera.

Además se puede consumir frutas, verduras, arroz integral, un poco de carne de vacuno, leche desnatada, zumos, té sin azúcar y café. Todo lo demás está terminantemente prohibido, especialmente el alcohol, la harina y sus derivados, los dulces y las bebidas con gas, mientras que la sopa es como un comodín, que puede tomarse cuando se siente hambre, para calmar la ansiedad.

Se trata de una dieta monótona que provoca deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales. Como los alimentos que componen la sopa poseen un escaso valor calórico, su aporte energético es bajo. Además no proporciona suficientes aminoácidos y ácidos grasos esenciales, calcio, hierro y vitaminas A, D, E y K.

El principal riesgo de estas dietas reside en la inadecuada manera en la que se pierde peso con ellas, consecuencia bien de una reducción importante de las calorías ingeridas o bien de desequilibrios orgánicos que se originan al emplear alimentos en cantidad y calidad inadecuada. Se adelgaza a expensas de perder líquidos, electrolitos, reservas de proteínas y en un menor porcentaje grasa, que es lo que realmente interesa perder.

Es una dieta deficitaria en casi todos los principios inmediatos. Una dieta saludable debe proporcionar un aporte calórico mínimo adecuado a la actividad física que se realice, además de una distribución óptima de los nutrientes. Especialmente debería llevar proteínas, lípidos y minerales, que podrían adquirirse a través del consumo equilibrado de huevos, pescado y carne.

Dieta del grupo sanguíneo

Fue creada por el médico americano Peter D’Adamo, que defiende la existencia de una alimentación para cada tipo de sangre (A, B, AB y O), sin considerar el factor Rh negativo o positivo. Según esto, cada grupo está más predispuesto a ciertas enfermedades más que los otros, pudiendo compensarse estas tendencias con la alimentación y tratamientos antiestrés adecuados a cada grupo sanguíneo. La dieta muestra los alimentos que reducen o aumentan el peso, de acuerdo con una evaluación histórica de cada tipo sanguíneo. Por ejemplo, el sistema digestivo de los individuos del grupo O está adaptado a una dieta rica en proteínas animales y a los vegetales (frutos del mar, espinacas, etc); legumbres, verduras y cereales serían indicados para aquellos del grupo A, y las carnes para el grupo B; el grupo AB sería una mezcla de los A y B, especialmente con los lácteos.

No es una dieta equilibrada. No existe una relación científicamente comprobada entre el tipo de sangre y la utilización de tejido graso. La prohibición de alimentos hace con que la dieta esté asociada con sensaciones de hambre y sufrimiento, e induce a la pérdida de masa libre de grasa, en vez de masa grasa.

Hay personas que pueden llegar a obsesionarse respecto a que si un alimento es de su grupo o no y no querer comer absolutamente nada si no es de su grupo por miedo a desarrollar inmediatamente las enfermedades de las que avisa el creador de la dieta. Además, las personas del grupo O que son vegetarianas pueden sentirse ofendidas al pensar que esta teoría les quiere obligar a volver a comer carne.

La dieta equilibrada requiere una ingesta de todos los principios inmediatos en su adecuada proporción, en función de la actividad física desarrollada y del balance energético de cada individuo, sin tener en cuenta otros factores ajenos como el grupo sanguíneo. La dieta debe estar compuesta de forma equilibrada por proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas, minerales y otros elementos para que no se ocasion en trastornos derivados por carencias ni excesos.


Dieta de la luna

La dieta de la luna se basa en la teoría según la cual las diferentes fases de la luna afectan al “ritmo corporal interno” siguiendo la misma pauta que los mares y los océanos. Según sus defensores, uno de los factores que más influye en la pérdida de peso es la capacidad de nuestro organismo de absorber agua y esto está ligado a la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre los líquidos, y en mayor medida cuando la luna cambia de fase. Es decir, que los líquidos del cuerpo tienden a seguir los ritmos de las mareas, y que son provocadas por la influencia de la luna. Además, supuestamente la importancia de esta dieta es que los kilos reducidos no se vuelven a recuperar por la influencia de la fuerza gravitacional que ejerce la luna sobre los líquidos del cuerpo humano.

Consiste en la práctica de ayuno total durante uno o tres días completos, en función de la modalidad, pero este ayuno ha de coincidir exactamente con el cambio de fase lunar. Durante ese período no debe ingerirse ningún alimento, a excepción de líquidos sin azúcar. Se supone que tras realizar el ayuno se llega a una pérdida de peso de hasta 3 Kg que luego no se recuperan.

Aunque se han propugnado con desigual resultado algunas asociaciones del cambio de fase lunar con diversos cambios fisiológicos, la presunta pérdida de peso corporal según la fase de la luna no responde a ninguna base científica. El ayuno total puede originar una pérdida de peso a corto plazo que no se mantiene si no se toman medidas encaminadas a los estilos de vida saludables. La práctica del ayuno completo, aunque sea durante pocos días, no es un método aceptable para adelgazar, pues puede originar desequilibrios metabólicos que pueden llegar a ser peligrosos, especialmente en personas con alguna enfermedad de base.

La pérdida de peso debe abordarse a través de una dieta equilibrada en sus nutrientes y en la distribución de los mismos a lo largo del día, además de la realización de una actividad física regular adaptada a las necesidades de cada persona.

Fuentes: Ministerio de Sanidad y SEEDO




Soledad Blanco, Dietista, IRUN, Gipuzkoa.


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Soledad Blanco, Dietista, Irún Gipuzkoa.


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